Editorial

  • Ferney Asdrubal Rodriguez Serpa

Resumen

¿Es posible un acuerdo de paz en La Habana entre el gobierno de Juan Manuel Santos y las FARC-EP?A mis respetados amigos y amigas de la Universidad de la Costa - CUC, mi infinita gratitud por la oportunidad de escribir este editorial, en el cual espero sustentar positivamente la pregunta en moción, la cual, no hay dudas, genera grandes tensiones entre los escépticos al proceso de La Habana y aquellos —como es mi caso— que creemos que sí es posible llegar a un acuerdo entre estas dos partes.No existe una categoría más vaga y ambigua en la historia de la humanidad que la paz; no existe un deseo colectivo más perseguido que las banderas de la paz; no existe un discurso más filantrópico que la paz; no existe un fenómeno más incomprensible e incierto que la paz. No obstante, muy a pesar de las desesperanzas, la paz se ha convertido en uno de los valores más promisorios en todas las sociedades, en los escenarios públicos, privados, en la academia, en los sistemas jurídicos, entre otros. Así, por ejemplo, doctrinantes como el recién fallecido maestro Francisco Muñoz, padre de la “Teoría de la paz imperfecta”, han dedicado décadas al estudio de la paz, porque no creen que se pueda obtener paz si no se habla de ella, de su naturaleza, de la condición humana y sus demonios. De igual forma, sobre el particular, hacen presencia en este contexto la obra del filósofo de Königsberg, Inmanuel Kant, en su obra La paz perpetua, donde se plantea la idea de estructurar la paz a partir del esfuerzo de los gobiernos y la negación ineludible de la guerra y otras formas de violencia. Sin embargo, todos estos referentes necesitan de acción y qué mejor escenario de análisis académico que los diálogos de paz entre el gobierno de Juan Manuel Santos y la guerrilla de las FARC-EP.Las razones que expongo de éxito de los diálogos de paz son simples, el proceso se desarrolla en un contexto asimétrico de las partes —quizás oportuno—, donde llega a la mesa de diálogos un gobierno fuerte, producto de los grandes golpes militares al secretariado de las FARC-EP en los últimos 10 años. También se destaca a favor del gobierno la profesionalización de las Fuerzas Militares, acompañada de altos niveles de inversión en inteligencia militar y tecnología, y, de otra parte, una guerrilla débil, muy débil, que viene en curva descendente tanto militar como políticamente.En tales términos, obsérvese una guerrilla de las FARC-EP que ha pasado de 35.000 mil integrantes a 8.000, que carece de referentes de presión política y militar, como es el caso de los secuestrados; verbigracia, no tiene a los secuestrados de alto valor como era el caso de Ingrid Betancur, entre otros, así como tampoco a los miembros de las Fuerzas Militares. Otro argumento que da cuenta de estos hechos lo describe el experto en conflicto armado, el profesor Luis Fernando Trejos, de la Universidad del Norte, para el cual estos diálogos se desarrollan en un ambiente amplio de confianza, discreción y sobre todo de voluntad de las partes. Téngase en cuenta, por ejemplo, que en pleno acercamiento del gobierno y las FARC-EP, cuando se estaban negociando los puntos para la mesa de diálogos, el gobierno nacional dio de baja al máximo comandante de esta organización, Alfonso Cano, y a pesar de esto la guerrilla continuó con el proceso. De igual forma se destaca el hecho de que las partes se sientan a negociar en La Habana con una agenda acordada, lo cual —continuando con el profesor Trejos— no ocurrió con el proceso de paz del Caguán, entre el gobierno de Andrés Pastrana y esta guerrilla, donde se despejó un vasto territorio nacional solo para discutir los puntos de la agenda de negociación. Allí las FARC-EP llegan a la mesa con alto poder militar y político, pues tenían a más de un centenar de policías y militares retenidos y contaban con una capacidad logística capaz de desestabilizar al país cuando quisieran. Por estas razones comparativas, el escenario para un acuerdo de paz es distinto al del Caguán; agréguese a esto el viaje del máximo comandante de esta organización —alias Timochenko— y de más de una decena de comandantes y cabecillas de frentes, que más que viajar a pasear a La Habana, uno infiere que es por razones de fondo; es decir, por cuestiones relacionadas con decisiones trascendentales de los acuerdos de paz.Finalmente, por primera vez en Colombia un proceso de paz entre el gobierno nacional y las FARC-EP cuenta con el respaldo de los EE. UU. y las más grandes empresas privadas del país y se discute en medio del conflicto, sin despeje territorial, con la presencia de los militares en la mesa. Por ello y por muchas razones más, el devenir de los colombianos hacia la paz —quizás no perfecta— se aproxima y se enmarca en las palabras del profesor Estanislao Zuleta, para quien: “Una sociedad mejor es una sociedad capaz de tener mejores conflictos. De conocerlos y de contenerlos. De vivir no a pesar de ellos, sino productiva e inteligentemente en ellos. Que sólo un pueblo escéptico sobre la fiesta de la guerra y maduro para el conflicto es un pueblo maduro para la paz”. 
Publicado
2014-09-30