El Cementerio Central de Sincelejo en el umbral del siglo XX. Una aproximacion desde la historia cultural

The Central Cemetery of Sincelejo city in the threshold of the 20th century. An approach from cultural history

DOI: 10.17981/mod.arq.cuc.29.1.2022.03

Artículo. Fecha de Recepción: 15/02/2022. Fecha de Aceptación: 21/03/2022.

Gilberto Emiro Martínez Osorio

Corporación Universitaria del Caribe-CECAR. Sincelejo (Colombia)

gilberto.martinez@cecar.edu.co

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Para citar este artículo:

Martínez, G. (2022). El Cementerio Central de Sincelejo en el umbral del siglo XX. Una aproximacion desde la historia cultural. MODULO ARQUITECTURA CUC, 29, 676790, 2022. http://doi.org/10.17981/mod.arq.cuc.28.1.2022.03

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Resumen

En el presente artículo se revisan los imaginarios urbanos y las representaciones sociales sobre el Cementerio Central de la ciudad de Sincelejo, en el marco de una investigación histórica que busca entender la construcción de los sentidos sociales de esta estructura urbana en el umbral del siglo XX. El estudio encuadra dentro del enfoque de la historia cultural y se utilizan, las representaciones sociales y una mirada donde la cultura se entiende como escenario de relaciones antagónicas de poder y territorialidad. Los resultados se organizaron a partir de tres líneas: en primer lugar, la ubicación del contexto de la ciudad de Sincelejo en el siglo XIX, en segundo, la representación de la idea de progreso en Sincelejo y en tercer lugar las transformaciones físicas ocurridas en este periodo de tiempo.

Palabras clave: Historia cultural; imaginarios urbanos; representaciones sociales; cementerio

Abstract

This article reviews the urban imaginaries and social representations about the Central Cemetery of Sincelejo City, within the framework of a historical research that seeks to understand the construction of the social meanings of this urban structure in the threshold of the twentieth century. The study is framed within the approach of cultural history and uses social representations and a view where culture is understood as a scenery of conflicting relations of power and territoriality. The results were classified along three lines: first, the location of the context of the city of Sincelejo in the 19th century; second, the representation of the idea of progress in Sincelejo; and third, the physical transformations that occurred in this period of time.

Keywords: Cultural history; urban imaginaries; social representations; cemetery

Introducción

El proyecto ‘El Cementerio Central de Sincelejo, una historia cultural 1878-1985. Representaciones Sociales en las Letras y la Fotografía planteó, como problema de investigación, el desconocimiento de los procesos históricos del Cementerio Central de la ciudad de Sincelejo (Sucre), en el Caribe colombiano, una situación cuyo efecto en la actualidad, es la exclusión de una de las estructuras urbanas más importantes de esta ciudad (Figura 1), de los procesos de inventario y valoración del patrimonio cultural y urbano de Sincelejo (Plan Especial de Manejo y Protección-PEMP, 2018). El proyecto de investigación se propuso la elaboración de una historia que diera cuenta de los sentidos sociales otorgados a esta estructura urbana en el contexto de la cultura sincelejana. La indagación encontraba justificación, en las directrices trazadas por la Gobernación del departamento de Sucre (2013), a través del Plan Estratégico Departamental de Ciencia Tecnología e Innovación-PEDCTI, tras la identificación de turismo cultural, como eje estratégico para el desarrollo de esta unidad territorial, eje donde se señala la necesidad de adelantar estudios históricos que permitan conocer los valores culturales de una región, de la cual Sincelejo es la capital.

Figura 1.

Cementerio Central de Sincelejo en relación al área afectada por el PEMP del Centro Histórico de Sincelejo.

Fuente: Elaboración propia a partir de Google Maps©.

El enfoque de la historia cultural se identificó como adecuado para dar cuenta de este proceso. Se definió como pregunta de investigación el siguiente interrogante: ¿Cuál es la relación histórica entre los sentidos sociales dados al Cementerio Central de Sincelejo y la identidad cultural de esta ciudad entre los años 1878 y 1985?

El presente artículo hace parte de un primer grupo de productos cuyo foco es el abordaje del mencionado problema en el umbral del siglo XX. En este artículo se problematizan los discursos sobre progreso y modernidad, referidos a las trasformaciones físicas del Cementerio Central de Sincelejo, registrados en la colección de prensa de Sincelejo, disponibles en el sistema de bibliotecas y archivos de la nación colombiana. La investigación se encuadra dentro del enfoque historiográfico de la historia cultural (Burke, 2000) y se utilizan, las representaciones sociales (Chartier, 2002) y una mirada donde la cultura se entiende como escenario de relaciones antagónicas de poder y territorialidad (Foucault, 1979; De Certeau, 1999; Lefebvre, 1968; Bourdieu, 1990), como el camino para interpretar las tensiones civilización–barbarie y tradición–modernidad, en el marco de los procesos de gestión, producción, transformación, uso y apropiación de los espacios urbanos y las arquitecturas de este lugar. Los imaginarios urbanos son la unidad analítica sobre la cual se concentra el trabajo, estos están constituidos por conjuntos de representaciones sociales, donde el espacio urbano y su arquitectura se entienden como construcciones sociales que, de manera continua e indeterminada crean figuras, formas e imágenes que permiten entender las características y los atributos reales e irreales de la ciudad y su vida urbana (Silva, 2006). Sobre la idea de imaginarios urbanos, Pérgolis (2013) explica:

La imagen urbana no pertenece a la ciudad sino a sus habitantes, ya que es el modo como los ciudadanos la representan en su mente; por eso la imagen identifica a la ciudad, no como es, sino como es vista (p. 14).

Este es un concepto con el que señala, una dimensión intangible de la realidad de las ciudades, que no es factible de entender a partir del análisis de su condición física, sino a través del estudio de las representaciones que los habitantes construyen sobre ella a partir de su uso y apropiación (Pergolis, 2013). Se concentra este segmento en verificar la manera en la que desde la prensa se realiza un ejercicio de imaginación, donde Sincelejo se visualiza como ciudad de —progreso—. Se parte aquí de una comprensión del espacio urbano y su arquitectura como construcciones sociales que, de manera continua e indeterminada, crean figuras, formas e imágenes las cuales permiten entender las características y los atributos reales e irreales de la ciudad y su vida urbana. Se busca establecer aquí, el trasfondo ideológico que define las trasformaciones y las apropiaciones del mencionado espacio urbano (Pérgolis y Rodríguez, 2014; Ponzini y Español, 2021).

Metodológicamente el trabajo corresponde a lo que se define como una operación histórica (Ricoeur, 2000), refiriéndose con esto al recorrido epistemológico que se aplica al estudio del pasado, un proceso el cual divide en tres fases operativas, una fase documental o archivística, una fase de explicación/comprensión y una fase representativa o de escritura del discurso. Sobre ellas aclara que corresponden a momentos metodológicos imbricados entre sí, y no a estadios cronológicos sucesivos. La investigación estableció como objetivo, explicar la relación histórica entre los sentidos sociales dados al Cementerio Central de Sincelejo y la identidad cultural de esta ciudad entre los años 1878 y 1920. Atendiendo las características específicas de las fuentes consultadas, y su capacidad para dar respuestas, parciales, a los interrogantes planteados, el relato se organizó en tres segmentos. El primero de ellos se dedica a dar cuenta del contexto del Sincelejo decimonónico a partir de fuentes historiográficas. Un segundo título se orientó a revisar la idea de progreso que circula en la ciudad de Sincelejo a través de los medios de los medios impresos, específicamente desde las imágenes de Sincelejo que construye el periódico ‘El Independiente en el año 1878, y por último se revisaron las representaciones sociales relacionadas con las trasformaciones del cementerio y las intervenciones realizadas en este periodo. Estos temas se presentan a continuación.

De los —Bichangueros— al —Corralito de Matarratón—. El contexto de Sincelejo en el siglo XIX a través de la historiografía

La implementación del cultivo de la caña de azúcar, el empleo de trapiches y la fabricación de ron —ñeque—, por parte de los colonos españoles que entraron al territorio de la Sierra Flor del Morrosquillo1 a partir del año 1620, es presentado por investigadores como Fals (1986) y Viloria (2001), como un aporte de este grupo social a la cultura de este lugar. Un proceso de penetración territorial el cual Fals (1996) describe como pacífico y en el que se privilegia la mezcla étnica entre los blancos europeos y los locales zenúes asentados en este lugar. Destaca Fals (1996) que, estos primeros los españoles forjaron durante un siglo y medio un grupo endógamo birracial, que ya en el año 1729 había construido un conjunto de siete rochelas en las que habían desarrollado un estilo de vida libre de las imposiciones de la corona española. Explica Fals (1996), que a partir de la ejecución de las reformas borbónicas en suelo americano y su estrategia de congregación de los habitantes en poblaciones donde pudiesen ser controlados, vigilados y administrados, se produjo un celo de las autoridades españolas en torno a la producción y venta del —ñeque— producido por los alambiqueros libres de este lugar; quienes recibieron la denominación de Bichangueros, durante el proceso de represión la cual implicó la llegada del Capitán Antonio de La Torre y Miranda, como congregador de pueblos, en representación de la corona española en estas inhóspitas regiones. Sobre este tema el historiador sincelejano Edgardo Támara, en sus trabajos sobre historia de Sincelejo, documenta las órdenes del Gobernador de Cartagena Juan de Torrezar Díaz Pimienta, sobre esta operación, que buscaba reducir en poblaciones formales a todos los habitantes de los montes que vivían fuera del dominio de la iglesia, la policía y desde su perspectiva en condiciones de salvajismo (Tamara, 1997).

El nombre Bichangueros servía para representarlos como unos asaltantes, facinerosos, que se resistían a acoger las determinaciones del Rey. Fals (1996) hace mención del descuartizamiento de Leónidas Oliva, del líder de este grupo de resistencia en el año 1772; ‘La revuelta de los Bichangueros como la denomina Huertas (1992) en sus trabajos. Conde (1999) describe la actuación del militar español Antonio de la Torre y Mirand­a, como un proceso, en el que tomando como base de operaciones la población de Corozal, y con una fuerza de 150 soldados procedentes de Cartagena y de San Benito Abad, persigue a los contrabandistas y decomisa cerca de 85 alambiques en toda la subregión de sabanas. Es en el marco de este tenso proceso de intervención de la corona española sobre este territorio, cuando se da la fundación de Sincelejo, el 21 de noviembre de 1775, momento en el que contaba con una población de 2 855 habitantes, la cual en el año 1778 se había disminuido a un total de 1 384 habitantes (Conde, 1999). Coincide Conde (1999) con la hipótesis de Támara (1997) en la que el trasfondo económico, específicamente el control del contrabando y la imposición de rentas al negocio del aguardiente priman como propósito de las intervenciones, por encima del sentido religioso de la instalación de parroquias en este territorio. Explica Viloria (2001) que, la implementación de las políticas borbónicas en esta región generó un sistema de caminos de herradura, el cual permitía conectar por vía terrestre a Cartagena con las sábanas y el valle del Rio Sinú, lo que impulsó un circuito comercial, del que participaban las poblaciones de El Carmen, Corozal, Sincelejo, San Benito Abad, Magangué y Tolú (Viloria, 2001).

Durante este periodo inicial de Sincelejo, a comienzos del siglo XIX, Viloria (2001) destaca la actividad comercial de Blas Támara, hijo del Bichanguero Roque Támara, quien adquiere una casa en la Plaza Principal de Sincelejo, en la cual nacería su hijo Manuel Támara Madrid, e­mpresario y político, quien junto con Sebastián Romero construirían dos de los primeros imperios económicos de esta ciudad, en torno a la fabricación de licores, la ganadería y el comercio. Se equiparán estos personajes a lo que el historiador José Luis Romero denomina como los ‘patricios’ de la ciudad, para referirse al tipo de líderes urbanos criollos, victoriosos de los procesos de emancipación de las repúblicas americanas, quienes ocupan el poder que anteriormente estaba en manos de las monarquías dominantes y que desde su rol de gamonales se convierten en impulsores, gestores y patrocinadores de mejoras urbanas. En el caso de Sebastián Romero, se le atribuye la construcción de ocho pozos subterráneos para el abastecimiento de agua y la fundación de periódicos como “La Mañana” (Viloria, 2001).

La expresión —Corralito de Matarratón— es una representación histórica que condensa una imagen que describe la condición de urbe agropecuaria (Támara, 1997), que tenía Sincelejo a finales del siglo XIX, esta denominación se ha identificado, tanto en las notas de prensa tituladas Carta de un Corralitero (Chadid, 1961), como en el libro Crónicas de Sincelejo (Chadid, 1988). La noción —Corralito de Matarratón— refleja también una condición de subalternidad de Sincelejo, con sus construcciones artesanales, su vocación agrícola y su pasado de rochela, en relaciona a la ciudad de Cartagena, la capital del departamento de Bolívar2, representada c­omo el —Corralito de piedra—, con su pasado colonial, su elite descendiente del legado español, su urbanismo, cultura, poder y riqueza. La autodefinición de los sincelejanos del umbral del siglo XX como —Corraliteros—, habitantes del —Corralito de Matarratón—, ha sido también en la tumba del ciudadano Miguel Bertel González, quien fue reconocido con esta denominación (Figura 2).

Figura 2.

Tumba de Miguel Bertel, un “Corralitero viejo”, en Cementerio Central de Sincelejo.

Fuente: Autores.

Algunos aspectos relacionados con las condiciones urbanas de Sincelejo en la segunda mitad del siglo XIX, se ilustran en el libro titulado ‘La Plaza Principal de Sincelejo. Una historia cultural urbana. 1894-1920 (Martínez, 2018). La fuente primaria que sirve para la reconstrucción histórica de este paisaje urbano es el informe titulado “Sincelejo observado desde un punto de vista higiénico”, publicado en la Gaceta Medica de Bolívar y escrito por Prados (1894). Este documento muestra el paisaje urbano de un poblado modesto, cuyas arquitecturas están construidas a partir de procesos artesanales y con un carácter local, utilizando los recursos materiales que ofrece el lugar, donde priman la caña brava, la palma amarga, el estiércol de ganado y la arena; materiales en los que no ha mediado ningún tipo de transformación industrial. En este relato de 1894 la construcción de dieciocho casas de material es presentada como la máxima expresión de vínculo con el progreso en términos de arquitectura. Las calles de la población aun no cuentan con ningún tipo de pavimento y el anhelo de este, aún se expresa en términos de —empedrados—. Se ilustra en este libro, una cotidianidad urbana donde aún se registra la presencia de corrales de ganado en la Plaza Principal del poblado, lo que habla de una organización donde las actividades de la producción agropecuaria aún no han sido separadas de la vida de la ciudad. El documento de Prados (1894) describe también una ausencia total de procesos de planificación, y una organización donde la primacía de los intereses personales esta sobre los intereses de la ciudad, representado esto en una configuración espontanea en la que las operaciones económicas son la única explicación para entender la discontinuidad de las formas construidas.

La economía correspondiente a este momento de la ciudad también es descrita en los trabajos del Viloria (2001), quien detalla en su trabajo, un despegue económico de la población de Sincelejo y la consolidación de su dominio como centro de servicios de la región de sabanas, superando a la vecina población de Corozal, debido a la inserción de Sincelejo en el circuito de comercialización del tabaco de la zona del Carmen de Bolívar, por la construcción de un ruta que conectaba con el Puerto de Tolú. También destaca Viloria (2001) que durante este periodo, el sostenimiento de la tradición centenaria de los trapiches y la destilación de ron en alambiques, en negocios familiares donde se desatacaban apellidos como los Urueta, Corena, Vélez, Martínez, Arrazola, Salom, Herazo, Urzola, Támara, Cumplido, García y Vergara, entre otros. El proceso de transición de dicha economía basada en el cultivo de la caña de azúcar, la producción de panela y ron, la comercialización de tabaco a partir de casas comerciales, hacia una economía basada en la ganadería, debido a la debacle del negocio de la caña de azúcar, cuando en el año 1904 se da un desplome de los precios de la panela y la puesta en funcionamiento del ingenio de Sincerín o ‘Central Colombia’, en cercanías a Cartagena, en el año 1905 (Posada, 1998).

Por su parte Mendoza (2003), en el capítulo IX de su libro Memoria histórica del departamento de Sucre. 1870-1950, da cuenta del proceso de expansión de la ganadería en el territorio de las sabanas de Bolívar, a partir de la introducción de los pastos exóticos Pará, Guinea y Yaraguá, y de la introducción de la tecnología del alambre de púas, lo que permitió convertir, a partir de la deforestación, los terrenos ubicados en cercanías a la población, no aptos para la cría de ganado vacuno y destinados a bosques y la agricultura, en extensos potreros, ahora inmediatos a sus residencias habituales, liberándose así de una dependencia de los pastos naturales para el desarrollo de esta actividad, los cuales solo se encontraban en algunos sectores de la geografía regional, como en los playones, las ciénagas y las sabanas naturales. Explica Mendoza (2003) que, los pastos artificiales permitieron la potrerización del territorio e impulsaron la rentabilidad del negocio de la ganadería, el cual a su vez se vio impulsado por el incremento del consumo interno de carne en Colombia, específicamente en los estados de Santander y Antioquia, y del estímulo de las exportaciones de ganado en pie a Panamá y Cuba. También explica Mendoza (2003) que, esta comodidad y rentabilidad de la actividad económica provocaría un conflicto social por el uso y la tenencia de la tierra, donde los poderosos y enriquecidos ganaderos se enfrentaron a los vulnerables agricultores campesinos de la región, quienes hacían uso, para sus siembras y crías, de los terrenos de los antiguos resguardos y ejidos municipales que estaban al servicio de todos los vecinos y bajo el control de los Concejos Municipales de cada población.

Támara (1997) ilustra el proceso político de la región de sabanas la segunda mitad del siglo XIX, momento que representa un importante avance para la ciudad de Sincelejo, la cual, durante un proceso de consolidación de su dominio en la región de las sabanas del antiguo departamento de Bolívar, logra la categoría de Cantón, el 13 de mayo de 1850. Designación en la que se le otorgaba la jurisdicción de un territorio el cual incluía poblaciones como Tolú, Tolúviejo, San Onofre, Palmito, Coloso y Ovejas, localidades en que conformaban un territorio en el que se desenvolvía una importante operación agrícola y comercial en torno al tabaco, que incluía las zonas de producción y un puerto (Tamara, 2015). Explica Támara (2015) que, ya desde este periodo Sincelejo se definirá como un enclave liberal, en un proceso de polarización bipartidista que la distanciaría políticamente de su vecina Corozal, la cual optaría por el conservatismo.

Otro tema relacionado con este periodo lo registra Arrazola (1996), en sus memorias de infancia, publicadas bajo el título de El veinte de enero. Historias de Sincelejo, la consolidación de un proceso de inmigración de ciudadanos de procedencia sirio-libanesa, categorizados como —t­urcos— debido a que sus pasaportes eran expedidos en Turquía; dentro de los que se destacan los apellidos Chadid, Samur, Name, Marabi, Bechara, Quessep, Fadul, Elías, Mujariff, Bitar, Asad, Aljure, Raad, Harb, Aljube y Turbay, familias que en muchos casos se radicaron definitivamente en esta ciudad y otras que luego de largas estadías, continuaron su travesía hacia otras ciudades e Colombia y del mundo. Recuerda Arrazola (1996) a estos inmigrantes como un grupo social que tuvo la capacidad de amalgamar sus aspiraciones y sus sentimientos con los nativos, impregnarse de regionalismo y localidad y conformar en la ciudad un núcleo cívico que participó en la introducción de nuevos elementos a la cultura de Sincelejo. Sobre el tema de los inmigrantes sirio libaneses, Díaz (1995) muestra en su trabajo sobre la historia de las comunicaciones en el departamento de Sucre, una visión particular del rol de este grupo social en el desarrollo de Sincelejo; este autor presenta a los —turcos—, como un grupo humano que a pesar de estar empobrecido y dedicado al comercio de baratijas en modalidad de venta ambulante, tenían un grado de cultura superior al de los nativos del territorio, en especial en aspectos relacionados con la economía y los movimientos mercantiles, razón por la cual fácilmente lograron hacer fortunas, implementando actividades las cuales conocían de otros contextos y que en algunos casos constituían una novedad en las poblaciones de la región.

—Regocijémonos, por haber venido al mundo hoy, cuando la humanidad, marcha con pasos de gigante hacia su perfección—. La idea de progreso en el Sincelejo de finales del siglo XIX, una mirada desde el periódico El Independiente

La preocupación por el reflejo de la ‘actualidad’ y el ‘progreso’, parecen ser dos de las características principales de las primeras publicaciones periodísticas de Latinoamérica en la segunda mitad del siglo XIX (Rama, 1984), en ellas surge la ciudad como problemática de interés para la expresión de opiniones periodísticas sobre estos temas. Es así, como en el año 1878, en el contexto de Sincelejo, una población periférica, de cierta forma aislada durante el periodo colonial del centro de poder regional que representaba Cartagena para la región del actual Caribe colombiano, con una población de aproximadamente 12 000 habitantes, producto de la concentración de capitales de la que empieza a ser partícipe, producto de la expansión del capitalismo en el valle del río San Jorge, Los Montes de María, la llanura costera del Morrosquillo y las sabanas del sur del antiguo departamento de Bolívar (Fals, 1986), surge el periódico El Independiente, publicación periódica que parece constituir el inicio de este tipo de las reflexiones sobre progreso y transformación urbana en esta región. Preocupaciones de las que hablan, los párrafos introductorios con los que esta publicación presenta sus intereses y su línea editorial su ejemplar número 1, en el año 1878:

Ya se notaba, con dolor, por los que de veras aman el progreso y engrandecimiento de los pueblos, que Sincelejo, que camina hace tiempo, aunque lentamente, por la hermosa vía de los adelantos humanos, no tuviese su representante en el sagrado campo de la prensa- representante que podría servirle no solo de vocero de sus aspiraciones y deseos, sino de gran valía a todas las poblaciones circunvecinas, tan bellas como hospitalarias y dignas y capaces de alcanzar mayor cultura (El Independiente No. 1, diciembre 15 de 1878, p. 1).

Aquí se observa, como, con estas palabras el editorialista3 intenta ubicar, a la pequeña urbe agraria que era el Sincelejo de la segunda mitad del siglo XIX, en el imaginario urbano que soporta el desarrollo de las ciudades del capitalismo en el mundo occidental, —el progreso—, auto­proclamando a la publicación, como “vocero de los deseos y aspiraciones, de todas las poblaciones que busquen alcanzar una mayor cultura”, en su área de influencia. Un aspecto fundamental que se desataca en la editorial, es la utilización de una noción de cultura jerarquizada, donde, para su autor, es posible diferenciar culturas —mayores— o menores que otras. La importancia de este aspecto reside en el hecho de que constituye la introducción de una visión dominante, la cual propiciará el desconocimiento del sistema de valores de la cultura local consolidada en Sincelejo hasta ese momento. Una versión, en esta región, de la manera en que el discurso de la elite impone hegemónicamente, intentando convencer, por medio de las letras, que su visión es —mejor— y que lo existente debe cambiar, situación que también es palpable en la idea de redención que supone la entrada en circulación del nuevo periódico.

Este primer editorial de El Independiente utiliza un lenguaje legitimador que busca generalizar como deseo colectivo, intereses que corresponden a un grupo pequeño de letrados que convergen en la publicación, que para el caso de este primer número del periódico El independiente parecen circunscribirse a dos patriarcas de Sincelejo, los señores Marcial Blanco y Rafael Francisco Ruiz, cuyas búsquedas y deseos parecen obedecer a un espíritu general que supera los límites de su localidad, sobre este tema esbozan lo siguiente:

Parecía, casi oprobioso, que hoy cuando el progreso llama a las puertas de todas las secciones en que se divide Colombia, y cuando hasta los centros sociales menos importantes, despiertan del sueño letárgico que los envolvía, y llenos de espíritu emprendedor, se enrolan en el movimiento vertiginoso de la civilización, nos parecía oprobioso, repetimos, continuar sumidos en las brumas de la indiferencia, viendo, miserables quietistas, pasar a nuestros hermanos, coronados con la palma del progreso (El Independiente No. 1, diciembre 15 de 1878, p. 1).

La preocupación principal del editorialista radica en que, las crónicas, noticias y textos publicados en este periódico, puedan participar como un vehículo para la circulación de un conjunto de representaciones en las que visualizan a la ciudad de Sincelejo incorporada en una visión —superior— que es orientada por los intereses del naciente estado nacional colombiano, estructura que tiene como referente el ideal de —progreso— europeo y una visión cientificista sobre la ciudad, el desarrollo y su administración, un pensamiento que, como lo sugiere este autor, se ha dispersado hasta en las poblaciones menores del estado colombiano. Despertar del —letargo— parece representar un llamado al cambio, salir de un estancamiento, en el que se representa la condición preexistente como desalineada de la visión que propone la publicación, una técnica común en la prensa de la época, para introducir la dicotomía civilización-barbarie en los territorios fronterizos de la expansión del sistema capitalista. La nota llama a enrolar a Sincelejo en el ‘movimiento vertiginoso de la civilización’, permanecer en la condición preexistente de la ciudad es representado como ‘indiferencia, miseria y de degradación’. Es importante señalar el alto grado de subjetividad que puede existir al intentar imponer tales representaciones como —verdades—-, en un contexto tradicional como el de Sincelejo a finales del siglo XIX. Una profundización de esta situación también se vislumbra en expresiones como la siguiente:

No queremos, no podemos, no debemos seguir así. Esto explica la aparición de El Independiente que viene, animado, de los mejores deseos en favor de lo bueno, bello y útil, y contra los vicios, contra los crímenes y contra todo lo que empequeñece o apoca a nuestra sociedad. En esta tarea, quizás no segaremos laureles, pero en cambio merecemos la aprobación de la gente sensata (El Independiente No. 1, diciembre 15 de 1878, p. 1).

La posición dominante y excluyente que implanta el periódico El Independiente, es evidente en este discurso introductorio, donde se presentan como los depositarios de ‘lo bueno, bello y útil’, posición que parece determinarlos como la autoridad regional para discernir sobre estos temas, e igualmente, para criminalizar, inventar un delito y señalar como delincuentes, a quienes consideren —empequeñecen o —apocan a una sociedad ideal formada por “gentes sensatas, que aprueban, comparten y celebran su forma de ver el —progreso— de la ciudad, en lo que parece una mezcla de lo que Foucault (2012) denomina el “pensamiento médico y el pensamiento jurídic­o” (p. 10), el primero en la diferenciación de lo normal de lo anormal, lo sano de lo enfermo, el segundo en la designación de algo como criminal o delictivo en la sociedad. Este concepto se caracteriza en la editorial, como una lucha, por el favorecimiento, o la —criminalización—, de lo que esté a favor o en contra de los siguientes aspectos:

En lo general, las ciencias, las artes, el comercio, las industrias, la literatura y todo lo que dignifica a la especie humana, por una parte y por otra, y concretándonos a lo particular el leño-carril, el cementerio, el teatro, el banco, el alumbrado público, el empedrado de las calles, la inmigración, o el mejoramiento de los caminos, el estímulo a la agricultura, la censura al vicio, y al crimen, el premio al trabajo y a la virtud, el fomento a la instrucción del pueblo, la mejora de las costumbres y tantos otros temas dignos y de publica importancia, tendrán la especial atención en El Independiente (El Independiente No. 1, diciembre 15 de 1878, p. 1).

Foucault (2012) discrimina una versión de la cultura liberal del capitalismo que acompaña la evolución de las ciudades del mundo occidental desde la revolución industrial, y la plantea, como el camino que debe seguirse para Sincelejo. Los componentes de este sistema son, por una parte, las estructuras para el movimiento de los capitales en la región, “las industrias, los bancos, los comercios, la producción agrícola y el trabajo” (Foucault, 2012, p. 10), por otra, los cambios materiales y tecnológicos en la fisionomía de la ciudad que la proyecten como ciudad de progreso, el tren, las calles empedradas, las obras del cementerio, el alumbrado y el teatro, y por último, un ethos moderno ligado a la educación, la difusión de las ciencias y las artes y a la criminalización y medicalización de lo vicioso y enfermo. La mención a la inmigración, sugiere un tipo de llamado de reclutamiento a los deseados —forasteros—, portadores de conocimientos, capitales y comportamientos deseables, aprendidos de por experiencia propia en ciudades desarrolladas, para instalarse en Sincelejo, y convertirse en el ejemplo a seguir sobre cómo debe ser la nueva ciudad.

La confirmación de la conexión de esta estructura cultural con la visión de la joven nación colombiana, queda explicita en las siguientes palabras:

Nuestra patria, necesita, (más que de otra cosa) que sus hijos se dediquen al trabajo que ennoblece, al cultivo de las letras, que dulcifica las pasiones y da goces inocentes, y procurar el bien de la comunidad, pues del bien de todos, depende el nuestro. Regocijémonos, por haber venido al mundo hoy, cuando la humanidad, marcha con pasos de gigante hacia su perfección. Aprovechemos en favor de la patria, y empleemos en beneficio nuestro y de las generaciones por venir, el maravilloso invento del hijo de Maguncia, merced al cual, nuestras palabras pueden ir del uno al otro confín del mundo. Bendito sea Guttemberg (El Independiente No. 1, diciembre 15 de 1878, p. 1).

Se observa aquí una alineación del editorialista al proyecto nacional colombiano, en el que ‘la lucha por el progreso’, parece constituir una nueva manifestación del —patriotismo— que exige el estado nación, una búsqueda del bienestar humano, en el que la prensa y las letras participan como mediadores, agentes que señalan las acciones necesarias para la construcción de un ‘benéfico, regocijante y perfecto’, utópico podría decirse, —porvenir—.

Un documento que se constituye en la fuente de información para la realización de un análisis sobre la manera en que Sincelejo es imaginado desde el periódico El Independiente, es la crónica titulada Lo que va de ayer y hoy. Sincelejo, su pasado, su presente y su porvenir, en el que Marcial Blanco, propietario del periódico y también autor de la editorial, realiza un ejercicio de imaginación prospectivo cuyo objetivo es ubicar a Sincelejo en el contexto de la cultura del progreso y la modernidad. Siguiendo la lógica del pensamiento científico que promulga, la labor de Marcial Blanco inicia por un diagnostico detallado de las condiciones de la población, donde dice lo siguiente:

Es consolador, hacer ver la transformación que, en un espacio de tiempo, relativamente corto, se ha verificado en esta ciudad. Supongamos que allá por los años 1840, por ejemplo, hubiérase presentado un viajero entre nosotros, con el objeto de visitarnos ¿Qué cuadro se habría presentado ante su vista? Una aldea, con escasa población, sin comercio, sin buenas costumbres sociales, sin riquezas, sin ninguna importancia, en fin. Hoy se sorprendería gratamente, al palpar las mejoras que en todo sentido se han hecho.

No vaya a creerse por esto, que ya hemos alcanzado el mayor grado de cultura. Aún tenemos mucho, mucho que trabajar para que nuestra incipiente sociedad, adquiera algunos hábitos de buen tono que todavía le faltan para llegar a ser respetable y respetada. Pero al considerar que otros pueblos, han retrocedido, o estancado, es satisfactorio, poner de manifiesto que nosotros si hemos adelantado (El Independiente No. 1, diciembre 15 de 1878, pp. 2–3).

Para Marcial Blanco la inserción de Sincelejo en la mentalidad progresista ya ha iniciado y Sincelejo, en 1878, puede mostrar, a un hipotético forastero, un cambio sorprendente en un lapso de tiempo corto, treinta y ocho años, calificándola como una sociedad incipiente. El factor que llama, hábitos del buen tono, lo señala, tal vez como el principal aspecto a mejorar por parte de los sincelejanos, un balance que parece plantear que, en este inicio, el progreso material y progreso cultural de Sincelejo, tenían una evolución desigual. Con la intención de evidenciar los logros materiales alcanzados por Sincelejo hasta este año de 1878, Blanco expone:

Y volviendo al supuesto viajero, si se le antojase venir ahora, a hacernos otra visita ¿Qué encontraría?

Encontraría, que Sincelejo es hoy una ciudad de 12.000 almas, y que tienen lo siguiente:

Un comercio de consumo que anualmente no baja de $200.000, productos que valen aproximadamente $250.000 y que pueden clasificarse así, $20.000 cantaras de aguardiente, 2000 qq de azúcar, 1000 cargas de jabón, 500 de panela, y 6000 novillos gordos, sin mencionar la vitualla y el maíz que son abundantes; 15 fábricas de destilación de aguardientes; 18 edificios de cal i ladrillo, 20 tiendas bien surtidas, 16 de menos importancia, 3 boticas, 200 potreros o pajares para encebar ganado, 400 huertas de paja para lechar vacas y cortar yerba, y 1000 animales de arria. Una buena imprenta, un teatro (no el edificio, sino el escenario) 6 escuelas, 6 pozos públicos de material.

Y una sociedad si no muy adelantada en cultura, a lo menos mucho más instruida, con mejores costumbres y por consiguiente más respetable que la de aquella época (El Independiente No. 1, diciembre 15 de 1878, pp. 2–3).

El diagnóstico de Marcial Blanco se centra en los aspectos analíticos del progreso difundido desde su editorial, el crecimiento poblacional, la producción agropecuaria, la producción industrial y la incorporación de una serie de tecnologías que muestra como avances y con cierto orgullo, el aspecto cultural lo presenta como deficiente y atrasado en relación a los otros avances mencionados. El objetivo de este balance es presentar a Sincelejo como un centro de emprendimiento regional, en las sabanas del sur del Estado soberano de Bolívar, atractivo para la instalación e inversión de nuevos capitales, ejercicio de imaginación que hace de la siguiente manera:

Como se ve la riqueza de Sincelejo vale hoy millones. Deduzcamos pues las consecuencias que deben deducirse del hecho apuntado y preguntémonos ¿a qué se debe el bienestar siempre creciente de esta localidad? ¿Cuál ha sido el medio que se ha empleado para obtener resultado tan esplendido? La respuesta es tan verdadera como sencilla, al trabajo, al trabajo que es el Dios que impulsado por la voluntad más firme y por el más constante esfuerzo renovara siempre, el milagro de la multiplicación de los panes. Si preciso es decirlo en alta voz, el trabajo ha sido el principal agente de progreso entre nosotros, como lo es en todas partes; porque con él han adquirido muchas personas bienestar y comodidades, se han puesto en circulación sumas cuantiosas que han hecho de este lugar un centro importante de comercio, y esto ha dado margen a la inmigración constante que nos visita en busca también de bienestar (El Independiente No. 1, diciembre 15 de 1878, pp. 2–3).

La riqueza, el bienestar, las comodidades y capacidad de trabajo de los miembros de la sociedad, resaltan en el texto a manera de señuelos para atraer a un lector externo, o convencer a un empresario local, de que se encuentra en un lugar tocado por el capitalismo, en donde invertir, producir, comerciar y emprender, un lugar ideal para su desarrollo económico. Los hipotéticos inmigrantes, los deseados forasteros, aventureros del sueño americano, son representados como los ciudadanos ideales de este Sincelejo imaginado por Marcial Blanco:

Esas familias que vienen, entre las cuales hay muchas honorables, nos traen su contingente, ya sea de dinero, ya de luces, ya en fin de apoyo en favor de lo bueno. Aquí trabajan todos hasta la mujer de la clase más acomodada: hay ciertas industrias especiales, que nuestras damas atienden con particular celo y todas cosen, bordan y se ocupan en quehaceres importantes (El Independiente No. 1, diciembre 15 de 1878, pp. 2–3).

En esta frase se evidencia la construcción de un imaginario donde lo transnacional tiene un mayor valor por encima de lo local, debido a que —los que vienen— son idealizados como agentes de cambio, a través de su capital, de su inteligencia y de sus comportamientos, fundamentales para el logro del —progreso— y la vida —civilizada—, un modelo a seguir. La omisión de lo local lo sugiere entonces como algo que debe ser superado o aniquilado, por retrogrado y desalineado del nuevo proyecto cultural. Un detalle particular que resalta en este pequeño segmento, tiene que ver con la representación de la mujer en esta imaginación de la sociedad sincelejana de 1878, ella es presentada como un sujeto que tienen un papel importante en el sistema de producción capitalista de esta sociedad, —se ocupan de quehaceres importantes—, tal representación coincide con las evidenciadas encontradas en indagaciones preliminares sobre la Plaza Principal de Sincelejo, donde a través de los escritos del médico Manuel Prados Obregón en la Gaceta Medica de Bolívar en el año de 1894, se exalta su carácter trabajador y las categoriza como unas —laboriosas abejas—. Este aspecto evidencia el estado inicial del proyecto progresista, ya que posteriormente, en consolidación del proyecto cultural de la modernidad, la mujer tenderá a ser representada como un —sexo débil— (La opinión, 1928), un frágil adorno, dependiente de su marido y ocupada de la belleza, el hogar y los hijos.

—El estado lamentabilísimo en que se encuentra el cementerio publico da, a no dudarlo, una idea poco honrosa para esta población—. Las trasformaciones del Cementerio de Sincelejo en el umbral del siglo XX

Como ya se esbozó en los títulos preliminares, la idea de progreso tenía una repercusión directa en la forma de la ciudad del mundo occidental, obligando a su transformación y a la introducción de una serie de equipamientos urbanos los cuales facilitaran la expresión de una vida moderna. Arquitecturas y obras de urbanismo que crearan una conciencia de haber dado un paso, desde lo antiguo hacia algo nuevo, un espíritu impulsado desde las presiones de la revolución industrial, en las ciudades europeas, que encuentran un reflejo en la construcción de parques, avenidas, y otro tipo de obras urbanas, hechas a la medida de un nuevo ser urbano, el flaneur. Intervenciones que implican la demolición, transformación y adaptación de las estructuras medievales a un nuevo modelo en el que, en el pensamiento de la obra de arquitectura y urbanismo, sus aspectos utilitarios son desplazados por su valor como imagen urbana que surge para un paseante en sus derivas por la ciudad (Durán, 2011).

La participación de las obras urbanas de cementerios como parte de los imaginarios de modernidad de las ciudades occidentales en el paso del siglo XIX, ha sido ampliamente trabajado en la historiografía urbana, al punto de que en algunos ámbitos se considere al sigo XIX como “el siglo de los cementerios” (Fernández et al., 2013), historias en las que se pone de presente, la incorporación en este periodo, de una serie de cambios en la configuración de este tipo de obras, donde se desestimula la tumba plana a ras de suelo y se privilegia la construcción de arquitecturas funerarias como las bóvedas, las galerías de osarios, los mausoleos y las capillas, objetos de arquitectura funeraria que permitían la expresión de la estética la majestuosidad, el lujo y la ostentación del estilo neoclásico que acompañaba este momento histórico, y en donde las nacientes ideas médicas, higienistas y sanitarias sobre la contención de las ‘miasmas’ pudiesen ser aplicadas como parte de sus procesos de diseño y construcción. Sobre la evolución de este proceso en Europa son tal vez, la tumba del filósofo Rousseau en Ermenonville y la inauguración del cementerio de Pere Lachaise en parís, en el año 1804, las obras que marcarían una referencia para el resto de ciudades del mundo occidental, con la introducción del modelo de cementerio-jardín, y la saturación del espacio con esculturas y arquitecturas a la manera de un catálogo del —gusto— de la época (Barberán, 2004).

En Colombia este proceso puede ser verificado con el surgimiento del Cementerio Central de Bogotá, el cual empieza a prestar servicios desde el año 1836 (García, 2015), y en la región del Caribe colombiano en la implementación del Cementerio Universal de Barranquilla, en el año 1870 (López, 2011). El artículo titulado “El cementerio”, de la autoría del señor Rafael Francisco Ruiz, publicado en el No. 1 del periódico El Independiente, en 1878, es una evidencia de la entrada en circulación del discurso modernizador, sobre este tipo de estructuras urbanas en la ciudad de Sincelejo. Sobre el tema Ruiz (1978) dice lo siguiente:

El estado lamentabilísimo en que se encuentra el cementerio publico da, a no dudarlo, una idea poco honrosa para esta población; pues bien, debido al interés i celo laudables del Sr. Alcalde de distrito, y de otras personas que han secundado, con no menos ardor, sus benéficos esfuerzos, tratase de rodearlo de un muro o cercado; cuentase para ello, con los elementos indispensables, y más que todo, hay hasta donde cabe la abnegación necesaria de parte de los directores de la obra para afrontarla removiendo todos los inconvenientes.

Crimen fuera consentir por más tiempo que un lugar sagrado como aquel continuase siendo una vía pública, y que las bestias vengan a conculcar el “campo santo” y a echar por tierra las cruces que marcan las tumbas de nuestros deudos (El Independiente No. 1, diciembre 5 de 1878, pp. 3–5).

Aquí, el cementerio de Sincelejo, en el año 1878, es representado como un espacio yermo, sin ningún tipo de delimitación o diferenciación entre su interior o el exterior, un lugar de tránsito peatonal y de pastoreo de ganados en las dinámicas económicas de la rural población. El cronista evalúa esta condición del cementerio, a su juicio —lamentable—, como un factor que afecta la imagen de la ciudad, al ofrecer una visión ‘poco honrosa de la ciudad’. Sobre esta preocupación podría decirse que demuestra el germen, en esta ciudad, del espíritu progresista la modernidad, un imaginario en el que arquitectura y urbanismo cumplen una función comunicativa, y donde sus características físicas son símbolos a través de las cuales se proyecta el logro de una ideología.

Ruiz (1978) plantea la existencia, en este Sincelejo de 1878, de un grupo social, liderado por el Alcalde, encargado de gestar las obras, cuya finalidad es construir una imagen urbana que ayude a superar un estadio anterior desalineado de la idea de progreso. Tal organización es una evidencia de los preliminares de las organizaciones altruistas que marcaron el desarrollo de obras públicas en Sincelejo durante la primera mitad del siglo XX (Martínez, 2015). Aquí es muy importante resaltar que, el objetivo de la congregación es la atención de una necesidad urbana desde la perspectiva de la higiene, sin proyectar aun intenciones estéticas en relación a la imagen de la ciudad.

El cronista utiliza una técnica común en el lenguaje que se verifica en los discursos civilizatorios de la prensa en las ciudades del mundo occidental, estigmatizar como crimen, o como anormalidad, cualquier proceso que no se ajuste a la visión —progresista—, una estrategia de seducción que busca crear una —verdad— sobre el sentido de las cosas (Martínez, 2015). En este caso se busca trasladar, al lector, un sentimiento de culpabilidad, caracterizarlo como partícipe, por omisión, de un crimen. Este tipo de lenguaje en la prensa del Caribe colombiano ha sido identificado en las exploraciones históricas sobre la ciudad de Cartagena4, en trabajos como “Estragos de la viruela en Cartagena: limitaciones de los discursos médicos y de la política pública. 1822-1842” (Miranda et al., 2016), donde sus autoras evidencian, en los archivos de la Gaceta de Cartagena, un lenguaje análogo al identificado en Sincelejo, el cual relacionan como parte de las acciones y propuestas para superar la crisis económica que sufre esta ciudad luego de superado el proceso de independencia. La publicación de Sincelejo evidencia la manera en la que esta clase de discurso se extiende a las poblaciones de las provincias del departamento de Bolívar, y se hace evidente, inmediatamente entran en circulación los primeros periódicos en las poblaciones periféricas.

Sobre las características de los trabajos propuestos sobre el cementerio de Sincelejo, Ruiz (1978) dice lo siguiente:

Los trabajos preliminares han comenzado ya, si se han suspendido últimamente, debese a que el Concejo Municipal por acuerdo unánime, así lo ha dispuesto hasta tanto oiga el dictamen de una comisión nombrada al efecto, que sujetándose a lo que la higiene pública y la policía sanitaria prescriben, estudiara si conviene o no la construcción del nuevo cementerio en el mismo lugar que ocupa el antiguo, o la oportunidad de edificarlo en unos solares adyacentes, que están más distantes del poblado.

Esquivar unos sacrificios más, cuando esta copiada una parte de los materiales i se cuenta con el concurso de los hombres de buena voluntad, seria cosa incalificable (El Independiente No. 1, diciembre 5 de 1878, pp. 3 – 5).

Las palabras de Ruiz permiten inferir que esta iniciativa del año 1878, podría corresponder a uno de los primeros procesos de organización cívica que lograron congregar a la ciudadanía, en torno a una intervención urbana para trasformar el cementerio, destacándose aquí el sentido de colectividad que existe en el hecho de que el ‘Concejo Municipal’, conforme una comisión para estudiar aspectos relacionados con la localización del mismo. Resalta en la nota, la introducción de la mencionada transformación del cementerio, en el marco de un debate sobre higiene y ciencia sanitaria. Para autores como Deavila y Guerrero (2016) este tipo de discursos, son un producto de la introducción de los debates sobre los —saberes médicos— cientificistas que orientaron la bio­politica con la que se intentó frenar las epidemias del cólera y la viruela en Cartagena a comienzos del siglo XIX, los cuales hacen parte de la lucha de esta ciudad por el sostenimiento de su competitividad como puerto del Caribe en este periodo de tiempo. En la mención simultanea de la higiene y la ciencia sanitaria, parece también reflejarse el debate que se da esta ciudad, sobre la autoridad científica entre médicos e ingenieros, presentada por Casas (1996) en sus investigaciones, un proceso en donde paulatinamente el juicio del médico pierde autoridad para direccionar intervenciones urbanas, mientras que el de los ingenieros se consolida. En esta crónica de El Independiente de Sincelejo, no parece haber una claridad sobre cuál de los dos juicios debe primar, razón que parece justificar que se evalúe el problema de la localización del cementerio, desde los dos campos.

El significado que para los letrados del periódico El Independiente, tiene la transformación del cementerio en 1878, puede ser identificada también en la nota de Ruiz (1978), cuando dice lo siguiente:

[…] que no desmayen para que vean coronados sus esfuerzos e inscritos sus nombres en el catálogo de los benefactores de este pueblo –ya que tan insignes títulos tienen- para su agradecimiento.

Que no lo olviden, el Sr. Alcalde y sus dignos cooperadores: las glorias del guerrero apenas tienen, de ordinario, vida para un día. Los laureles recogidos como fruto de pacificas conquistas, en los campos del bien y del progreso tienen la eterna, porque son inmortales, porque jamás deslustran, porque jamás se marchitan, y porque ellos engrandecen al linaje humano (El Independiente No. 1, diciembre 5 de 1878, pp. 3 – 5).

En este discurso se identifica, un cierto tono de arenga castrense, de corte heroico, donde llama al Alcalde y a los comisionados, a sacrificarse por el logro de una condición de guerreros victoriosos en la —lucha— por el —progreso— y a inmortalizarse en la historia de la ciudad. Un discurso cuyo objetivo parece ser, trasladar, al plano urbano, el espíritu revolucionario utilizado durante las gestas independentistas de América. Este lenguaje, parece plantear, que la —lucha— no terminaba con la disolución del régimen colonial, sino que continuaba, en un plano civil, en la instauración del mundo moderno en todos los niveles de la existencia humana, una —lucha— la cual, al igual que la gesta militar, también requería de soldados dispuestos a sacrificar su existencia, a superar retos y a vencer opositores, una labor digna de reconocimiento y de exaltación como acto de heroísmo.

Figura 3.

Nota Cementerio público.

Fuente: El Independiente No. 1. 1878.

El informe sobre las condiciones de higiene de Sincelejo que la Gaceta Medica de Bolívar publica a Prados (1894), bajo el título “Sincelejo observado desde un punto de vista higiénico”, aporta importante información que permite detallar de mejor manera las actuaciones sobre el cementerio de Sincelejo a finales del siglo XIX; en el segmento dedicado al cementerio el medico Prados (1984) dice lo siguiente:

El cementerio está colocado al este de la población, higiénicamente situado por la dirección de los vientos reinantes; solamente se observa, que está muy próximo de las ultimas casas de donde no dista cien metros; hasta hace poco tiempo era un campo no solamente santo sino refugio de las vacas, cerdos, asnos u otros animales; por fortuna el Sr. Don Camilo Torres tuvo la feliz idea de cercarlo, para lo cual necesitó implorar el auxilio de algunas personas, con lo que pudo ponerle una cerca de alambre de púas y colocar una puerta de hierro. Sería muy conveniente que la autoridad civil o la eclesiástica, a cargo de quien este el cementerio, nombrase un celador que llevara el registro exacto de las defunciones, con especificación de sexo, la edad, la causa de la muerte y la fecha de defunción, y además pagase un derecho con el objeto de tener fondos para atender a las mejoras o refacción de lo que está hecho (p. 146).

El concepto de Prados confirma la condición de lugar de pastoreo de vacas y cerdos ya planteada por Ruiz en 1878, dieciséis años antes, así como también la materialización de las intenciones del grupo de la elite, en acciones transformadoras sobre el cementerio; en este caso el medico P­rados adjudica el liderazgo del grupo al Sr. C­amilo Torres, un personaje no identificado en los créditos del proceso de 1778, una situación la cual permite inferir que el proceso de transformación de este lugar es bastante lento, pero constante, en el sentido en que a lo largo de los años se van identificando pequeños cambios enfocados en la misma dirección, higienizar y ordenar el lugar. Al parecer la iniciativa de 1778 buscaba relocalizar el cementerio desde una visión higiénica, la cual es celebrada en la nota por el medico Prados y posteriormente se desarrollan actividades de delimitación y control del tráfico de animales sobre el lugar, a través del cercado con ‘alambre de púas’ y la ubicación de la ‘puerta de hierro’. El espíritu cientificista de la época se expresa en el juicio del médico Prados a través de la sugerencia de implementar un sistema de gestión de información, un —registro— con finalidad estadística que permitiera dar cuenta de datos sobre las defunciones, las características de los difuntos y las causas de su muerte. Por otra parte, desde una visión capitalista de la gestión administrativa de la ciudad, cuya finalidad es garantizar el desarrollo de mejoras materiales al cementerio, el medico sugiere la implementación de un —derecho— o un impuesto por defunciones.

Este espíritu higienista orientado hacia la transformación del cementerio, también pudo ser documentado en la primera década del siglo XX, a través de un par de notas que ofrece el periódico La Lucha en el año 1909, en la primera de ellas dice lo siguiente:

La mansión de los difuntos está en estado de abandono lamentable. Es una lástima que el señor Alcalde no visite de vez en cuando, lugares como este, cuyo aseo debe ser objeto de sus asiduos cuidados (La Lucha No. 6, junio 10 de 1909, p. 3).

Y en la segunda dice así:

Como verán nuestros lectores, en el último número de esta hoja, llamamos muy respetuosamente la atención al señor Alcalde, acerca del lamentable estado de abandono en que se haya el cementerio. De ello ha resultado que el señor Alcalde nos pasara una carta diciéndonos que borrásemos su nombre de la lista de suscriptores. Esta complacido (La Lucha No. 7, junio 17 de 1909 p. 5).

Se observa aquí la preocupación de un cronista del periódico La Lucha, por las condiciones del cementerio, la nota demuestra la consolidación, al menos en los medios de comunicación, de una representación social del cementerio como lugar que requiere ser intervenido o supervisado desde la perspectiva higienista y como una de las preocupaciones del progreso urbano de la ciudad. Se puede notar la repetición de la noción del ‘estado lamentable’ del lugar, utilizada también por el periodista de 1778. Así mismo la nota parece sugerir ciertos recelos sociales o políticos sobre el manejo de esta idea, en la tensión entre Alcalde y periodista que evidencia la segunda nota.

Figura 4.

Nota Cementerio público.

Fuente: Periódico La Lucha No. 6. 1909.

Conclusiones

La circulación de periódicos como El Independiente, en el año 1878, constituye la entrada de nuevos dispositivos de poder hegemónico en el contexto de la ciudad de Sincelejo, configurándose a través de ellos una mediación que favorece la difusión de los discursos progresistas y modernizadores que acompañan la transformación de las ciudades occidentales en el marco del proceso de expansión del capitalismo, durante la consolidación de la nación colombiana. Estas publicaciones constituyen el soporte intelectual de un pensamiento alienado, que diferencia entre culturas que considera superiores e inferiores, donde se refleja la conocida dicotomía civilización-­barbarie en la r­elación entre las c­ulturas europeas y americanas que deviene desde la colonización de América, calificando el ethos de un mundo moderno y transnacional, como superior a la cultura local existente en el lugar, la cual se traza como meta, transformarla, moldearla y domesticarla. El imaginario urbano presentado sobre Sincelejo en el periódico El independiente de 1878, habla de una población que se muestra como territorio del capitalismo, haciendo énfasis en un lugar para la acumulación de riquezas e ideal para atraer forasteros, emprendedores comerciales e industriales que buscan un territorio para instalarse. Una población que se reconoce deseosa del progreso material, pero carente él hasta ese momento y que expresa como mayor necesidad su distanciamiento del ethos de la modernidad, el cual reconoce como un tipo de atraso cultural.

Las imágenes construidas sobre el Cementerio de Sincelejo por Rafael Ruiz en el año 1878 y por Manuel Prados en 1894, solo permiten identificarlo como un gran espacio baldío, solo las cruces de las tumbas a ras de suelo permiten diferenciarlo de los potreros que lo circundan. En esta nota también es notorio que en ese año se ha iniciado un primer movimiento transformador, de visión progresista, que busca aplicar principios higienistas y sanitarios para definir una primera intervención sobre este espacio urbano, en la que aún se plantea como problema su permanencia en el lugar donde hasta ese momento existía o su relocalización. Igual­mente parece esbozarse que el carácter principal de esta primera intervención, es la delimitación del espacio con un muro que separe las tumbas como un lugar sagrado, a la usanza de los protocolos funerarios de las ciudades civilizadas, una frontera que evite que la barbarie se adueñe del lugar. Las transformaciones físicas que pudieron ser verificadas en el periodo de 1878 y 1920 son mínimas, limitándose a la construcción de un cercado que evitara que las vacas pastaran al interior del lugar y la colocación de una puerta metálica para definir su acceso. El conjunto de fuentes de información de prensa abre una discusión sobre la localización original del Cementerio de Sincelejo, al sugerirse que en la segunda mitad del siglo XIX se verificase un proceso de traslado de esta estructura urbana.

Tanto en la disposición de la prensa, en el imaginario urbano de la ciudad, como en los discursos de representación sobre cementerio, fue posible identificar que el ideario de la naciente nación colombiana impulsa las mentalidades del grupo de letrados ligados a su gestión, quienes han interiorizado el espíritu de la lucha independentista, como motor y sustento ideológico de la lucha civil por el progreso, promoviendo los procesos de construcción de ciudad y ciudadanía, como actos de patriotismo, equiparables a los actos heroicos librados en las batallas militares de la nación.

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Gilberto Emiro Martínez Osorio. Corporación Universitaria del Caribe-CECAR. Sincelejo (Colombia). https://orcid.org/0000-0002-8763-3112


1 Sincelejo es una ciudad del Caribe colombiano, desde el año 1966 es la capital del departamento de Sucre, a comienzos del siglo XXI tienen una población aproximada de 290 000 habitantes. Se encuentra asentada en las estribaciones de la Serranía de San Jacinto específicamente en los Montes de María y la Sierra Flor.

2 Durante el siglo XIX y hasta el año de 1966 en el siglo XX, Sincelejo fue una provincia del departamento de Bolívar, de cual Cartagena era la ciudad capital.

3 Podría asumirse que se trata de Marcial Blanco, propietario de la publicación y autor de varios artículos al interior del primer número.

4 Capital del departamento de Bolívar, del cual Sincelejo es una provincia hasta el año 1966, cuando se erige como capital del departamento de Sucre.